Cuando empecé a dar clases en 1998, las academias de inglés en Argentina enseñaban gramática. Listas de verbos, traducción, exámenes mecánicos. Yo no aprendí inglés así. Lo aprendí viviéndolo en Kent, en Londres, en pubs y en bibliotecas. Por eso cuando fundé Saint Mary en 2000, decidí que íbamos a enseñar de la única forma que sé que funciona: por inmersión.
El método Saint Mary no es una metodología nueva. Es la metodología natural: cómo aprende un chico inglés a hablar inglés. Se mete adentro del idioma, lo escucha, lo prueba, lo equivoca, lo corrige. Y lo aprende. No lo estudia. Lo aprende.
Desde 2000 vi cientos de alumnos pasar por Hurlingham. Algunos hoy viven en Londres, otros son padres que mandan a sus hijos a la escuela. Esa continuidad es la prueba de que el método funciona: no es una promesa, es un resultado.
Ahora abrimos Madrid y Kent. No es expansión por expansión: es porque el método ya está testeado y queremos que más gente lo pueda vivir. En Madrid llevamos el método al hispanohablante europeo. En Kent volvemos al lugar donde yo lo aprendí, ahora del otro lado del aula.